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Economía
La instalación de una nueva planta de celulosa de la finlandesa UPM en Uruguay consolidará al sector forestal como la primera cadena productiva en importancia, superando a la cárnica. La pasta de celulosa pasará a ser el principal producto de exportación del país. Y de mantenerse el mercado actual, Uruguay será el segundo proveedor mundial de celulosa de fibra corta -con 4,7 millones de toneladas-, superando a Indonesia y por debajo de Brasil según proyecta Uruguay XXI.

Hoy las dos plantas instaladas en el país -UPM y Montes del Plata- trabajan a capacidad máxima, motivo por el cual los volúmenes exportados se mantienen relativamente estables, en 2,5 millones de toneladas.

Considerando que en el primer semestre del año se exportaron 1,3 millones de toneladas por un total de US$ 826 millones, el año 2019 cerraría con un total de ingresos de US$ 1.600 aproximadamente. Según anunció UPM, la nueva planta generaría, una vez operativa, US$ 1.100 millones por exportaciones de celulosa al año, lo que sumado a los US$ 1.600 millones estimados resultaría en un total de US$ 2.700 entre las tres plantas, más de un millón más que las exportaciones totales de carne vacuna en 2018 (US$ 1.629 millones).

En Uruguay se producen anualmente más de 25 millones de metros cúbicos (m3) de madera, de los cuales el sector forestal comercializa 14 millones. Javier Solari, vicepresidente de desarrollo de UPM en Uruguay, dijo a Tiempo de Cambio de radio Rural que «la nueva planta de UPM consumirá en el entorno de 7 millones de m3, que se le sumarían a los 5 millones de m3 de la planta ya instalada». Es decir que la extracción de Uruguay se incrementaría en un 50%, a 21 millones de m3.

Actualmente el sector forestal uruguayo tiene capacidad industrial para procesar 10,4 millones de m3, de los cuales el 88% (9,2 millones de m3) se consume para la obtención de pulpa y el 12% restante (1,2 millones m3) para el sector aserrado, según la estadística de CPA Ferrere (año 2017).

En Uruguay hay más de 900 mil hectáreas efectivas de bosques sembrados y se estima que el área forestal debería crecer para este proyecto en el entorno de las 60.000 a 90.000 hectáreas adicionales a las 389.000 hectáreas con las que ya cuenta la empresa.

«Este crecimiento se dará en un proceso en relación a la rotación de los montes ya implantados -que son los que abastecerán a la planta en sus inicios-«, explicó Solari.

La disponibilidad futura de madera en Uruguay crece por dos vías.

Una de ellas es que año a año se forestan nuevas áreas, el promedio de los últimos cinco años ha sido 20.000 ha (1% anual), dado principalmente por el impulso de UPM y Montes del Plata.

La segunda vía de aumento de la disponibilidad de madera es que parte de las áreas que se cosechan se reforestan con un material genético de mayor productividad al anterior.

Carlos Faroppa, presidente de la Sociedad de Productores Forestales, dijo a Tiempo de Cambio de radio Rural que «Uruguay fue acumulando stock de madera y a su vez hay madera en crecimiento de los nuevos bosques, por lo tanto la aceleración de crecimiento sería moderada, de aproximadamente 2% (30.000 hectáreas por año). Los que sí van a incrementarse son los convenios de arrendamiento o producción con productores agropecuarios».

Esta nueva inversión que tiene como producto celulosa y energía, impacta de forma positiva en el resto de las actividades forestales: toda la madera con uso de largo plazo (15-20 años) -bosques de madera maciza o aserrada- va a tener una posibilidad de colocación. «En estos casos se puede hacer un buen trabajo de colocación de la producción intermedia -proveniente de raleos- a la planta de celulosa, donde se procesa y se agrega valor», explicó Faroppa.

A su vez, traerá otros desarrollos además de la celulosa. UTU está desarrollando un proyecto educativo vinculado a la formación forestal, en el departamento de Tacuarembó. Se espera que entre agosto y setiembre se ponga en marcha. Una fuente cercana al proyecto señaló que la instalación de la nueva planta de UPM no tiene vínculo con el proyecto.

Mayor dinamismo en el mercado para tierras forestales Javier Taró, gerente del departamento inmobiliario de Megaagro, dijo a Tiempo de Cambio de radio Rural que el mercado de renta registra mayor dinamismo que el de compra-venta, y todo lo que «aparece de oferta se arrienda».

Dependiendo de la ubicación y el porcentaje de aprovechamiento y el tipo de suelo los valores promedian US$ 160 por hectárea.

En lo que respecta a la compraventa de tierras, en un radio de 200 kilómetros de donde se instalará la nueva planta las referencias de precios se ubican en US$ 2.000 por hectárea para campos netamente ganaderos, no tan bien ubicados y de menor productividad. En US$ 2.500 están los campos mixtos, ganaderos-forestales.

Y algún valor por encima hay para los campos muy buenos, que anteriormente tuvieron algo de agricultura, pero en los que hoy se hace ganadería con algún mejoramiento, informó Pablo Albano, responsable del departamento de campos de Zambrano y Cía a El Observador.

La experiencia de un productor Martín Stabile es productor del departamento de Río Negro, en el límite con Flores. De las 730 hectáreas de su establecimiento, 84 (suelos menos aprovechables para otros usos) las tiene forestadas bajo el programa de Fomento de UPM, un acuerdo de largo plazo para el manejo de plantaciones de eucalyptus.

Una de las ventajas, señaló, es que al año y medio de implantado el monte se puede ingresar ganado, con el beneficio de sombra y abrigo para los animales.

Stabile tiene dos modalidades de acuerdo con la empresa: por un lado, recibe una renta anual (que varía de acuerdo a la proximidad o lejanía a la planta, manejando un promedio aproximado US$ 150/ha/año), a lo que se suma un porcentaje menor de ganancia cuando se realiza cada cosecha. El período de corte dura entre ocho y 10 años. «La responsabilidad del productor es cercar la parte que se va a forestar, evitar que entren animales y hacer un uso cuidadoso», explicó.

La segunda modalidad es la asociación: el productor no recibe un pago por arrendamiento y cuando se cosecha accede a un porcentaje de lo que se cosecha (mayor al que recibe en modalidad anterior). El productor acompaña el riesgo y el éxito.

En base a sus números, ambas modalidades le permiten alcanzar el máximo retorno en esos suelos. Considerando la primera modalidad, tomando una renta promedio de US$ 150/ha/año, donde se necesitan tres hectáreas por unidad ganadera por año, «por lo menos duplica el valor que le sacaría en su mejor otro uso alternativo», señaló Stabile, que trabaja con vacunos, con lanares y hace algo de agricultura. «Es un sistema de ganar-ganar», reiteró en varias oportunidades el productor, resaltando el beneficio ante el tipo de suelos que se destina para forestar.

La instalación de la nueva planta de celulosa en Uruguay dinamizará la cadena forestal en su conjunto y expandirá la integración productiva de los árboles con otros rubros fundamentales para el país.

Producción: Cecilia Ferreira y Cecilia Pattarino

Las cifras

2.700 millones de dólares pueden generar por año las exportaciones de celulosa cuando estén funcionando
al mismo tiempo las tres plantas, la de Montes del Plata y las dos de UPM.

4,7 millones de toneladas puede alcanzar la producción nacional de celulosa cuando esté funcionando la
tercera planta que UPM va a construir próximo a la localidad Pueblo Centenario.

Fuente: AGROPECUARIO (SUPLEMENTO DE EL OBSERVADOR) | Blasina y Asociados
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Economía
El presidente de la Sociedad de Productores Forestales, Carlos Faroppa, habló con De siembra sobre la fa futura instalación de UPM II, que será la tercera de pulpa de celulosa del país y la más grande del mundo.

La confirmación de UPM II “es un broche de oro, pero esperamos tener más broches de oro en el futuro”, sostuvo.

Según Faroppa, se trata de una noticia muy positiva que es resultado de “una política de Estado bien definida. Quizás una de las políticas de Estado más definidas y más continuadas” del país.

Como ejemplo citó que “cada vez que hubo una inversión en el caso de celulosa fueron las mayores inversiones productivas de su momento en el Uruguay”. Primero fue Botnia (ahora UPM), luego Montes del Plata y pronto la segunda planta de UPM, que estará ubicada en el centro del país, junto a Pueblo Centenario, en el departamento de Durazno.

Faroppa habló del crecimiento del sector forestal, que se ha afianzado como uno de los principales del país, al punto que el año pasado “fue el sector más exportador”.

En particular también se refirió a UPM II, al decir que su arribo “habla bien del país, no solo de la política forestal”, ya que es una inversión segura, a largo plazo, con los más altos estándares a nivel mundial.

Que a su vez implica la creación de miles de puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos, que en buena medida son empleos de calidad, bien pagos y que requieren formación y capacitación permanente.

En cuanto al aspecto medioambiental, señaló que “la performance industrial (de UPM II) no va a ser un problema sobre el río (Negro); el río ya tiene un problema”.


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Economía



Ing. Agr. Nicolás Lussich.


La forestación es uno de los sectores más dinámicos de la economía. En los últimos tiempos se ha desplegado con mayor éxito el subsector de producción de madera para celulosa, que tiene a UPM y a Montes del Plata como actores principales.


Contrariamente, el subsector vinculado a la producción de madera física (la que no se altera químicamente y mantiene sus propiedades estructurales) ha tenido más dificultades. La producción de tableros contrachapados (a partir del debobinado de troncos) y madera aserrada, enfrenta restricciones de mercado y costos locales elevados que no ayudan a la actividad industrial. Grandes proyectos para instalar plantas industriales en estos rubros, configurados en su momento por la estadounidense Weyerhaeuser, quedaron acotados a una sola planta, que se vendió recientemente a un grupo liderado por el banco brasileño BTG Pactual, junto con una importante área de bosques. Urupanel -la otra empresa de tableros-quedó por el camino. El número de aserraderos cayó, si bien se han incorporado algunos nuevos de mayor escala y eficiencia (caso de Frutifor).


En la base forestal de este subsector, las dificultades de desarrollo industrial implican que la madera en pie tenga una salida trabajosa y de poco o nulo margen. En especial ha sido difícil la comercialización de pinos, pues los montes de esta especie están mayoritariamente en el norte, lejos de los puertos, por lo que los costos de fletes (altísimos en Uruguay) los dejan fuera de precio. Aun así, ante la oportunidad de concretar ventas y pensando en replantar áreas con Eucaliptus, recientemente se han vendido importantes volúmenes de pino a China, potente demandante también de estos productos.


Desafíos similares enfrentan las colocaciones de Eucaliptus grandis para debobinado o aserrío. Las exportaciones en este caso han sido menores y hay empresas con buena experiencia en procesamiento y trayectoria comercial, pero se prevé que la oferta aumente paulatinamente a volúmenes mucho mayores. A diferencia de los destinados a celulosa, estos Eucaliptus son conducidos para que los árboles tengan diámetros mucho mayores, con podas y raleos acordes, lo que permite producir madera sin nudos, con propiedades adecuadas para construcción, mueblería y apariencia (revestimientos).


A pesar de este panorama difícil, hay algunos síntomas de mayor dinámica en el escenario de la producción de madera física. Por un lado, la decisión del fondo de la Universidad de Harvard de desprenderse de sus activos forestales (mayoritariamente de Eucaliptus para aserrío) concitó interés de diversos actores para comprarlos; finalmente fueron adquiridos por las AFAPs, a través de un nuevo fideicomiso estructurado por Agroempresa Forestal. Esta firma ya tenía en funcionamiento otros tres fideicomisos con fondos de AFAPs, de manera que acumula una superficie de más de 100.000 hectáreas, con una inversión acumulada de más de U$S 600 millones (ver cuadro). La valuación de los activos generó discusiones en el sector, atento a las dificultades de mercado descriptas para estos productos, especulándose que se habría pagado un precio exagerado. Desde la empresa se informó que hubo una valuación independiente, de la consultora brasileña BM2C, que estableció un valor 5% inferior al efectivamente pagado.


Según el director de Agropempresa Forestal, Francisco Bonino, el escenario para estas inversiones es positivo a largo plazo. “La madera de Eucaliptus de buena calidad se vende en Uruguay a precios iguales o superiores a Nueva Zelanda. En el caso del pino, efectivamente hay dificultades, pero el proyecto plantea ciclos largos y -eventualmente- replantar con Eucaliptus”, explicó en Radio Carve.


El Ferrocarril Central puede facilitar los negocios de los montes más alejados, al abaratar fletes. Por otra parte, Agroempresa Forestal está desarrollando convenios de largo plazo con compradores chinos, para establecer volúmenes de venta estables y de mayor escala.


Aunque pueda llamar la atención, la exportación de madera en bruto (troncos) conlleva desafíos logísticos similares o incluso mayores a productos aparentemente más delicados, como carnes o lácteos. Estos troncos valen si llegan con alta humedad (verdes) a destino, de lo contrario, la capacidad de los compradores (chinos, vietnamitas) para trabajarlos y procesarlos se dificulta, lo que puede interrumpir las ventas.


Para mantener la humedad de los troncos la cadena logística tiene que estar muy bien aceitada. Hasta ahora se han exportado dentro de contenedores, lo que ayuda, aprovechando los “retornos” de las importaciones. Si se piensa en mayores volúmenes, el número de contenedores puede ser una limitación; se precisarían acopio con riego para mantener la humedad, bodegas especiales, etc. Ya hay empresas uruguayas con experiencia, pero a escalas menores. Los negocios de Agroempresa Forestal son más ambiciosos y seguramente exigirán inversiones importantes.


Los fideicomisos previos de la firma han tenido suerte dispar. El primero ingresó al mercado con precios de la tierra relativamente elevados, lo que ha implicado ciertas pérdidas en la medida que el precio se ha moderado en los últimos años. Con los siguientes fondos este efecto se atenúa y se generaron márgenes positivos.


En opinión de algunos analistas y actores del mercado, la tierra forestal en Uruguay habría llegado a un aparente “piso” de precio y se está configurando un escenario más propicio para retomar inversiones. A esto ayuda la decisión de la Reserva Federal de EEUU de mantener la tasa de interés, cuando la expectativa previa era de que ésta aumentara. En este contexto, algunos grupos chilenos, entre otros, han mostrado renovado interés en invertir.


En cualquier caso, hay dos factores clave que condicionan las proyecciones. Por un lado -claro está- los mercados: Uruguay ha hecho muy poco para abrir mercados nuevos para los productos de madera y en el Mercosur Brasil es un gran productor, de manera que el mercado regional no es una opción atractiva. Es necesario generar esos espacios y China es un socio clave (gráfico), lo mismo Vietnam e Indonesia, donde se han colocado interesantes volúmenes de madera aserrada. Pero sin acceso preferencial y con distancias que juegan en contra, Uruguay pagará -seguramente- un sobrecosto.


Esto no lo entienden los sindicatos del sector y aquí surge el otro factor. En estos días el Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera y Afines (SOIMA) está movilizándose, con paros y asambleas, reclamando mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Sin mayores consideraciones de productividad o circunstancias de mercado que atraviesen las empresas, los sindicatos plantean aspiraciones que, en muchos casos, no son sostenibles, lo que termina costando empleos. No es el único factor, pero la falta de consideración de la parte sindical no ayuda a sostener empresas industriales forestales que pueden ser importantes como generadoras de empleo. El caso de Urupanel fue un lamentable ejemplo.


Si no hay cambios en la política laboral y si no se avanza en una política comercial más dinámica, será difícil concretar la aspiración de un desarrollo industrial con alto valor agregado, en la madera u otros rubros. Todos estos riesgos están presentes en las recientes inversiones. Las oportunidades están, pero hay que concretarlas.


Las plantas de celulosa son claves porque parte de la madera de los bosques para aserrío, va de todas formas para celulosa (las puntas, raleos, etc.). Pero si no mejora la competitividad para la madera sólida, irá para celulosa más madera de la pensada.

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Economía


El sector forestal “ha continuado su crecimiento” y el año pasado “estuvimos en el primer lugar de exportaciones del país”, lo que “nos dio más visibilidad de la que ya teníamos”, dijo a la revista Forestal el presidente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF) del Uruguay, Ing. Agr. Carlos Faroppa.

Entrevistado por María José Fermi para la publicación oficial de la gremial, afirmó que “el sector está para crecer más”.

Faroppa –que realizó estudios de especialización en Suecia, Italia, Finlandia y Perú– ha asesorado, diseñado, ejecutado y dirigido proyectos de plantación, replantación, cosecha y ordenamiento forestal para empresas y organizaciones uruguayas y multinacionales.

Celulosa y madera sólida

“Básicamente, tenemos dos cadenas productivas (en el sector): la celulósica y la de madera sólida”, manifestó Faroppa, un agrónomo de orientación forestal recibido en la Facultad de Agronomía (FAGRO) de la Universidad de la República (UdelaR).

Respecto de la celulósica, dijo que “está bien montada y funciona muy bien en toda la cadena en cuanto a regulaciones, precios, capacidades laborales e industriales, y tiene la posibilidad de crecer”.

Acerca de la cadena de madera sólida, expresó en la revista Forestal que “es la de aserraderos y tableros, donde todavía tenemos bastantes desafíos por enfrentar. Tenemos una oferta de madera mayor de la que podemos industrializar y por eso exportamos madera en trozas”.

Convertir un residuo en materia prima

El Ing. Agr. Carlos Faroppa sostuvo que “el desafío está en dar un paso más hacia la bioeconomía y una economía forestal circular, aprovechando todo lo referido a los productos secundarios forestales”.

Puso como ejemplo a “los chips, el aserrín o la corteza”, productos a los que “deberíamos darles valor en la industria de la generación de energía o biocombustible”.

“Se trata de la transformación de lo que es un residuo” en “un producto con valor como materia prima para otra producción”, explicó.

Definiciones

En un estudio publicado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la bioeconomía es definida y caracterizada de este modo:

“a) una economía basada en el consumo y la producción de bienes y servicios derivados del uso directo y la transformación sostenibles de recursos biológicos, incluyendo los desechos de biomasa generados en los procesos de transformación, producción y consumo;

b) aprovechando el conocimiento de los sistemas, principios y procesos, y

c) las tecnologías aplicables al conocimiento y transformación de los recursos biológicos y a la emulación de procesos y principios biológicos.”

En el documento –titulado “Bioeconomía en América Latina y el Caribe. Contexto global y regional, y perspectivas”– se mencionan “tres ejemplos de recursos biológicos que pueden servir de base para el desarrollo de estrategias nacionales y regionales de bioeconomía: la biodiversidad (incluida la agrobiodiversidad), especialmente en países megadiversos y con ecosistemas únicos; la capacidad para producir biomasa para diversos usos, además de alimentos; y la disponibilidad de desechos agrícolas y agroindustriales.

En Uruguay, el gobierno ha definido a la bioeconomía como “clave del desarrollo productivo” y ha indicado que “busca potenciar los recursos forestales del país a fin de aprovechar las oportunidades del sector, diversificando los productos e impulsando el desarrollo local” (en librillo editado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto –OPP–, serie “El futuro en desarrollo”, Año 4, Nº 10, agosto de 2018).

Por su parte, el concepto central de la economía circular es “producir-usar-reutilizar”, en oposición al paradigma actualmente predominante: “producir-usar-tirar”.

Con esta premisa funciona en nuestro país el Proyecto BioValor, que articulan y ejecutan los ministerios de Industria, Energía y Minería (mediante la Dirección Nacional de Energía); Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (a través de la Dirección Nacional de Medio Ambiente); y Ganadería, Agricultura y Pesca.

“Generando valor con residuos agro-industriales” es la consigna central de BioValor y su objetivo es “inspirar, dinamizar y activar a la comunidad para impulsar la transición hacia la Economía Circular en Uruguay y la región”, integrando el trabajo entre el gobierno, la academia y “actores clave”, se señala en el sitio web del Proyecto (http://biovalor.gub.uy/).

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Economía



La cadena forestal -incluyendo la celulosa-es hoy el rubro de bienes que le genera más divisas a la economía uruguaya por su comercio exterior (US$ 1.660 millones en 2018). Sin embargo, un nicho relevante de ese sector -la madera gruesa de mayor diámetro y valor- no puede explotar su potencial, producto de la incapacidad de industrias y aserraderos para absorber las cosechas de pinos y eucaliptos que levanta el país cada año, y que continuarán en ascenso con el devenir del tiempo.

El año pasado, Uruguay exportó un récord de 1,95 millones de metros cúbicos de pino grueso en rolos. La mala noticia fue el precio recibido por esa materia prima para las expectativas previas que tenían los productores que apostaron a implantar esa variedad hace más de una década. El m3 de pino cotiza en los mercados internacionales entre US$ 60 y US$ 70, y el eucaliptos entre US$ 40 y US$ 50 por m3.

No obstante, al productor uruguayo le termina quedando entre US$ 2 a US$ 6 por m3. Eso por la fuerte incidencia que tienen los fletes de la madera hasta los puertos, dado que la mayoría de esos bosques está en zona alejadas como Rivera o Cerro Largo, explicó el gerente general de la consultora forestal Pike, Álvaro Pérez del Castillo. 

Al pino hay que agregarle unos 200 mil m3 de eucaliptos grueso en rolos que también partió rumbo al sureste asiático (básicamente China) en 2018. En este caso, hay una restricción logística para transportar un volumen mayor porque este tipo de madera requiere cuidados especiales (evitar que se raje o se seque), por lo que debe transportarse en contenedores o bodegas. La alternativa para procesar esa madera gruesa pasa por el chipeado.

Actualmente en Uruguay hay cerca de 900 mil hectáreas forestadas, con volumen de extracción de madera que unos 16 millones de m3 al cierre de 2017, según datos de DIEA.

La celulosa, otro negocio

La pregunta natural que subyace es por qué Uruguay no aprovecha a volcar esa madera a la dos plantas de celulosa operativa o eventualmente a la tercera que está cerca de confirmarse.

En primera lugar, tanto Montes del Planta como UPM tienen sus propios montes, que abastecen gran parte de su ciclo industrial.

El otro aspecto es que la plantas de celulosa en Uruguay son de fibra corta, esto implica que consumen madera de eucaliptos fina. La madera para celulosa tiene un precio que ronda los US$ 60 por m3, pero descontando los costos de los fletes en Uruguay, su valor neto para el productor baja a un rango de US$ 6 y US$ 12 por m3, todo atado a las distancias de los bosques de los puertos.

Una opción para que Uruguay pueda aprovechar mejor su madera gruesa es que en un futuro pueda instalarse una planta de celulosa de fibra larga (pino), una posibilidad que Pérez del Castillo ve como «lejana» porque el área de esa variedad en el país se redujo en unas 30 mil hectáreas -actualmente hay unas 170 mil ha-, justamente por las pocas perspectivas comerciales que hoy tiene ese cultivo.

La mayoría de los productores locales ha optado por suplantar esa superficie con eucaliptos, un camino que puede profundizarse a futuro. Los tres o cuatro jugadores que tienen esta variedad toman la decisión de colocar la madera al exterior porque se ven obligados a reducir la dotación de plantas por hectárea (raleo), y también porque a veces necesitan obtener un ingreso por sus explotaciones de pinos. «Están esperando industrias hace 10 años. Llega un momento donde tienen que vender», explicó Pérez del Castillo.

La consultora forestal, Rosario Pou, dijo esta semana al programa Tiempo de cambio de radio Rural que durante el primer trimestre del año el 40% de las exportaciones de madera correspondió a rolos de pino a precios deprimidos. La experta recordó que esos árboles en su momento recibieron «subsidios» del Estado para su implantación, sin embargo, hoy esa producción le está dejando poco valor agregado al país.

Pou consideró que Uruguay debería plantearse ofrecer un «marco interesante» para captar el interés de industrias transformadoras de maderas aserradas de «gran calidad y variedad».

«Sabemos que el eucaliptos es muy bueno para la construcción, para marcos, para madera de ingeniería», resaltó.

Los mercados y los costos

Para el docente de la Facultad de Ingeniería de la Udelar e integrante del grupo de Ingeniería de Procesos Forestales, Andrés Dieste, el principal motivo por el cual hoy no se instalan industrias para procesar pasa por la coyuntura externa de los mercados. Explicó que luego de la crisis de 2008, los grandes mercados consumidores de madera transformada aún no se han recuperado.

«Eso claramente no favorece el clima para las inversiones industriales en Uruguay. La alternativa que queda es exportar en rolos a bajo precio porque el consumo per cápita de madera en Uruguay es muy bajo», señaló.

Pérez del Castillo acotó que también hay «factores internos» que restringen el desembarco de inversores externos interesados en montar plantas de tableros contrachapados o aserradores que agreguen valor a la madera. Puso como ejemplo, los costos de la energía y la mano de obra, así como el clima de conflictividad laboral.

Una de las empresas que apostó en 2004 a industrializar la madera gruesa en Uruguay fue la planta Urupanel que se dedicaba producir MDF y contrachapados en Tacuarembó. Una década más tarde bajó la cortina y dejó a más de 400 trabajadores sin su fuente laboral. Hoy esa planta se reconvirtió, pero opera como un aserrado (Frutifor) donde trabajan unas 50 personas.

La otra industria grande (Lumin, previamente Weyerhaeuser) continúa hoy en actividad.

En total, genera empleo para unas 750 personas en forma directa y tiene una capacidad para producir 270 mil m3 anuales de paneles contrachapados.

Pou consideró que, así como el Estado ofreció ventajas a UPM para que pueda instalar su segunda pastera en Paso de los Toros, se podría pensar en algo similar para empresas que puedan conformar un clúster para instalarse en Tacuarembó, Melo o Rivera, en las cercanías de las plantaciones de árboles.

La firma Agroempresa Forestal (AF), uno de los grupos privados con mayor área forestada en Uruguay, es optimista con la llegada de inversiones en el corto plazo. «Vamos a hacer una fuerte apuesta en el exterior para que Uruguay tenga una nueva planta industrial», anunció a El Observador esta semana su director, Franciso Bonino.

Más allá de la foto actual para la inversión industrial en Uruguay, el mercado de la madera parece tener un panorama alentador. Pérez del Castillo estuvo participando de conferencias con expertos en EEUU donde el mensaje que quedó sobrevolando es que, a futuro, «va a faltar madera» para las perspectivas de consumo que se avizoran. En particular, para nichos industriales como el de pañales para adultos -que se fabrican con celulosa- y todo el boom de las ventas por retail, que utiliza básicamente papel y cartón para el envoltorio de los paquetes.

El factor cultural

Dieste también identifica a un «factor cultural» que lleva a que Uruguay también tenga un consumo de madera per cápita sensiblemente inferior a los países desarrollados (EEUU, Europa, Canadá), o incluso en la región donde Chile avanza a paso firme.

En el caso del pino, el docente de la Udelar considera que además de un falencia cultural para incorporar esa materia prima, también existe un déficit de conocimiento.

«En Uruguay no sabemos construir con madera», afirmó. Añadió que recién en los últimos años se inició un camino incipiente con la formación de capital humano en las facultades de Ingeniería y Arquitectura de la Udelar y la ORT. Uno de los preconceptos que tiene la madera es que no permite construcciones de alturas.

Sin embargo, Dieste recordó que hoy en Uruguay hay un hotel de tres plantas en la playa La Juanita de José Ignacio construido completamente con madera.

El experto es optimistas en que la construcción vaya incorporando cada vez más este insumo para la construcción de viviendas, producto de varias ventajas como la ambiental, un menor costo del flete (porque es más liviana que los materiales tradicionales) y el tiempo de ahorro en la hora de construir. Esto porque gran parte de las estructura se puede realizar a través de la prefabricación.


17.000 trabajadores ocupa la cadena forestal en su conjunto en forma directa. El BPS tiene registradas 1.770 empresas, de las cuales el 92% son mipymes.

US$ 319 millones pagó la empresa uruguaya Agroempresa Forestal para quedarse con 55.000 hectáreas de la Universidad de Harvard en Uruguay.

68% de la madera es procesado en Uruguay por cuatro empresas, que consumen más de 100.000 m3 por año.

Aserraderos

Con 14 empresas, Rivera es el departamento con mayor cantidad de aserradores en el país. Luego vienen Canelones (11), Paysandú (7) y Tacuarembó (7).


Fuente: El Observador – Andrés Oyhenard

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Economía, Incendios Forestales


Las exportaciones totales de productos forestales en 2018 alcanzarán los US$ 2.250 millones -33% más en relación a 2017-, lo que establecerá un nuevo récord para el sector que se instala por primera vez -y con buena distancia- en lo más alto del ranking y desplaza de ese sitial a otro motor clave en la economía nacional: el de las carnes.

Considerando lo exportado en los primeros nueve meses y las tendencias de precios y volúmenes, al cierre de 2018 el sector forestal en su conjunto habrá exportado el monto señalado, según indica el estudio Evolución reciente y perspectivas del comercio exterior de productos forestales, elaborado por Darío Fuletti y Cecilia Petraglia, técnicos de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).


En el Anuario de Opypa 2018 se establece que esos US$ 2.250 millones son un pilar en el total de US$ 6.915 millones que estiman se obtendrán en 2018 por las exportaciones agroindustriales (que superan levemente los US$ 6.908 millones de 2017 y también son un récord, sustentado sobre todo en el progreso de los sectores forestal y cárnico).


Pedro Soust, director general Forestal del MGAP, precisó a El Observador que poco le preocupa el puesto que ocupa el sector frente a los demás en el país. «Lo más importante es esta asociación que consolida a un sector organizado, tranquilo, responsable y respetuoso, un sector forestal ejemplar».


Con ese concepto el jerarca aludió a la presentación del Plan de Protección Contra Incendios 2018/2019, en la que se difundieron acciones emprendidas en conjunto por actores de los sectores público y privado tendientes a promover la prevención de los incendios forestales y, llegado el caso, ser más eficientes en su combate.


Soust dijo que ve al sector «muy firme y tranquilo», en un año que «cierra muy bien», con exportaciones que «se han dado sin problemas, de acuerdo a lo planificado».


Tras remarcar que el negocio forestal «es a largo plazo, de lento desarrollo pero con un crecimiento sostenido», se mostró satisfecho por ver «mercados más consolidados» y empresas «más tranquilas, a gusto, muy fuertes».


El director forestal del MGAP, consultado sobre tendencias que indican que los buenos números de 2018 se reiterarán en 2019, respondió que están esperando un año con mucho optimismo. «Puede haber imponderables, pero lo planificado y esperado es muy similar a lo que hemos tenido este año, que fue un año con crecimiento», acotó.


Primero en el podio y con luz


El informe de Opypa establece que de los US$ 2.250 millones que exportó el sector, la pulpa de celulosa representó el 77% -US$ 1.739 millones- y ocupó el primer lugar en las exportaciones de productos de base agraria.


En el segundo lugar quedaron las exportaciones del sector cárnico, con un estimado de US$ 1.945 millones (y dentro de ello con una incidencia mayúscula de las carnes vacunas, con US$ 1.618 millones).


Siempre con base en los datos de Opypa, atrás quedó, lejos y en un tercer escalón, el ingreso por exportaciones de los rubros agrícolas como la soja, afectados seriamente por la sequía que hubo a inicios de 2018 y que mermó notoriamente la producción.


El contexto internacional se presenta muy favorable para el sector, con precios en niveles elevados, tanto en pulpa de celulosa como en madera sólida. Los de la pulpa se encuentran en niveles récord. La pulpa de fibra larga en Europa -principal referencia de precios del sector- alcanzó los US$ 1.230 por tonelada en setiembre de 2018. En China, el principal mercado de pulpa (con 35% de la demanda mundial) la celulosa llegó a US$ 875 por tonelada. Estos valores se reflejaron en los precios de exportación regionales. En Uruguay los precios subieron en torno a 35% en ambas variedades de pulpa.


Con las dos plantas -UPM y Montes del Planta- funcionando a capacidad completa, los volúmenes exportados de celulosa se mantuvieron estables en 2018. Sin embargo, los precios de exportación mostraron un aumento muy importante, lo que derivó en una suba de las exportaciones de 34% interanual en los primeros nueve meses del año (31% estimado para todo 2018 contra 2017). China, Países Bajos e Italia, en ese orden, fueron los principales mercados considerando el último año con datos completos.

 

En segundo lugar aparece la corriente exportadora de madera rolliza de pino. Las colocaciones anuales llegarían a US$ 162 millones, de acuerdo a las estimaciones oficiales. En un mes promedio del último año y medio las colocaciones se ubicaron en torno a 175 mil toneladas mensuales a un precio promedio de US$ 80 por tonelada. Prácticamente la totalidad de esas ventas se dirige a China. En este caso se estima un crecimiento en el ingreso de divisas de 83% al comparar 2018 con 2017.


En chips de eucalipto se espera exportar este año por US$ 96 millones, 53% más que el año pasado. Desde 2015 Portugal es el destino casi exclusivo de este producto.


CIFRA


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se estima que crecerán los ingresos por las exportaciones totales del sector forestal en 2019 hasta US$ 2.278 millones. Al inicio de esta década hubo exportaciones por US$ 1.233 millones.


LO DIJO


«Lo más importante es esta asociación que consolida a un sector organizado, tranquilo, responsable y respetuoso, un sector forestal ejemplar»


Pedro Soust


Titular de la dirección general forestal del MGAP


Lo que ingresó


En 2018 las importaciones de productos del sector forestal crecerán por segundo año consecutivo, de acuerdo a estimaciones de Opypa, y totalizarán US$ 188 millones (+8,8%). El principal rubro de importación será el papel y los productos de papel, con un total de US$ 153 millones (+5,6%). En cuanto a los productos de madera sólida, los más importantes serían los tableros, con US$ 27 millones (+24,2% respecto a 2017). En tanto, las importaciones de madera aserrada se ubicarán en casi US$ 6 millones (+22,1%), siempre de acuerdo a las proyecciones oficiales.


Juan Samuelle twitter.com/juansamuelle


Fuente: El Observador

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Economía
Carlos Faroppa, presidente de la Sociedad de Productores Forestales. 




El ingreso a otros mercados es la clave del desarrollo para el sector forestal, que promueve la apertura al mundo para fortalecer la colocación de sus productos.


¿Cómo imagina a la SPF en el mediano y largo plazo?


La SPF ha ido acompasando el crecimiento del sector y adecuando su equipo y recursos a las nuevas demandas. Desde hace unos años, funcionan de modo permanente varios equipos de trabajo integrados con técnicos de las empresas socias y coordinados por un integrante del staff de la SPF, en áreas definidas como prioritarias tales como la protección contra incendios forestales, la sanidad forestal, las comunicaciones, el manejo forestal sostenible, la certificación forestal y los temas laborales, incluyendo la capacitación.


La evolución de la actividad a través del tiempo ha incorporado nuevos actores, requiriendo de una interacción permanente con todos. Ello hace necesaria la generación de instancias de coordinación más estables, en las que consideramos imprescindible la participación activa del sector privado. Para eso, debemos prepararnos con personal calificado, tanto en los temas de actualidad, como para los nuevos desafíos que nos depara el sector.


¿Qué tareas fundamentales debería encarar el próximo gobierno en forma prioritaria, pensando en el desarrollo del sector?


Debería definirse la continuidad de la política forestal, adecuando nuevos objetivos y metas de acuerdo a la realidad actual del sector y su potencialidad de crecimiento. Para ello es necesario alinear las políticas nacionales con las departamentales, así como los instrumentos que regulan la actividad, de manera que los mismos se muestren claros y estables en el tiempo. Eso fue un factor fundamental para los logros alcanzados hasta el presente, y lo será hacia adelante en la medida que se pretenda darle continuidad al crecimiento de la actividad. Otro factor importante es la adecuación de la infraestructura de transporte -vial, ferroviario, fluvial- como forma de mejorar la competitividad. La investigación, la innovación y la capacitación de recursos humanos constituyen otros asuntos de vital importancia.


¿Cuáles son los temas en que Uruguay, como país, tendría que poner énfasis apuntando a un mayor desarrollo?


Uruguay cuenta con un enorme potencial para el desarrollo de diversas actividades económicas, y en particular de la agroindustria y sus derivados. Las condiciones naturales son inmejorables y solo disponibles en algunas regiones del mundo para diversas producciones. En esa fase primaria de la producción tenemos un buen nivel de competitividad. Sin embargo, en las siguientes fases de agregado de valor, esa competitividad disminuye.


La adecuación de la infraestructura vial, ferroviaria y fluvial a los nuevos requerimientos del país, también es necesaria para disminuir los costos del transporte interno. Por último, las necesidades de mejora a nivel educativo y capacitación de la mano de obra requerida para agregar valor al final de la cadena, se hacen cada vez más evidentes.

En resumen, es necesario que desde el Estado se generen las condiciones que estimulen y viabilicen la inversión privada como mecanismo real para el crecimiento, la generación de empleo y la mejora de la calidad de vida de la gente.


Fuente: EMPRESAS & NEGOCIOS (REV. SEMANARIO CRONICAS)

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